Santo Hno Miguel

NUESTRO PATRONO

rmano Miguel

La historia de la educación en nuestro país a tenido múltiples peripecias a lo largo de la existencia del mismo, desde nuestra separación de la gran Colombia, el engendrar profesionales de valía para el Ecuador a sido el ideal de ilustres hombres y mujeres que han pasado por las aulas, muchos de los cuales no queda memoria ni registro. Por ello nuestra institución mantiene la memoria de uno de los precursores de la educación en el país. El hermano Miguel, cuyo nombre real es Miguel Febres Cordero (1854-1910), nacido en Cuenca, fue un educador y miembro de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.

Bautizado como Francisco Luis Florencio Febres Cordero Muñoz, desde niño enfrentó dificultades físicas que marcaron su vida. Educado por los Hermanos Cristianos traídos al país por el presidente Gabriel García Moreno, se distinguió por su brillante inteligencia, disciplina y profunda fe. Aunque inició formación sacerdotal, comprendió que su vocación no estaba en el púlpito, sino en la educación. Decidió consagrar su vida a enseñar a niños y jóvenes, especialmente a los más necesitados, formando buenos cristianos y ciudadanos al servicio de la Patria.

El 24 de marzo de 1868 ingresó al Instituto La Salle, donde tomó el nombre de Hermano Miguel. Desde muy joven destacó por su carisma para la catequesis y por su extraordinaria capacidad para redactar textos escolares, llegando a publicar cerca de cincuenta obras. Entre las más reconocidas están Gramatiquilla, La Aritmética, El Cantón y el Silabario Infantil, textos que se convirtieron en referentes pedagógicos en Latinoamérica. Su prestigio lo llevó a integrar la Academia Ecuatoriana de la Lengua y la Academia Nacional de la Lengua de Venezuela.

En 1907, tras el exilio provocado por el gobierno del General Eloy Alfaro, fue enviado a Europa. Su delicada salud se vio afectada por el clima, pero continuó trabajando incansablemente en la educación y evangelización. Finalmente, una doble pulmonía debilitó su vida, y el 9 de febrero de 1910 falleció en Premiá de Mar, España, a los 56 años de edad y 42 de vida religiosa, ofreciendo su vida por el Ecuador y la difusión de la enseñanza cristiana.

Su legado no terminó con su muerte. En 1977 fue beatificado por el Papa Pablo VI y el 21 de octubre de 1984 fue canonizado por San Juan Pablo II, convirtiéndose en el primer santo varón del Ecuador. El Santo Padre lo proclamó modelo de maestros, gloria del Ecuador y honor de la Iglesia Católica.

Hoy, los miguelinos estamos llamados a seguir su ejemplo: vivir con fe, humildad y compromiso educativo, siendo luz para los demás y construyendo una verdadera civilización de amor.